sábado, 27 de septiembre de 2008

No tienen sorpresa, Gus!

De muy chico mi padre se encargó de inculcarme que hay que decir siempre la verdad. Por cruel que ésta sea, hay que afiliarse a ella. Decir la verdad, ante todo, la verdad. Nunca mentir.
Ahora, ya grande, logro entender, que el viejo hizo un buen trabajo. Por lo que le estoy muy agradecido. Ya que el hecho de ser devoto de lo estrictamente cierto, me ha traído muchas satisfacciones .
Tengo pocos amigos y todos, sin excepción, son partidarios de lo veraz. No sé si porque así se los enseñaron o por elección propia. Lo que sí tengo claro, es que entre el selecto grupo que compone “La mesa de los poetas”, nunca nos agarramos en una mentira. Sí en pequeñas fábulas piadosas, como cuando el Valija le dice al Zorro que lo ve más flaco. O cuando el mismo Zorro, le dice al mismo Valija, que durante la semana no está tomando alcohol. Eso no lo voy a negar. Uno tampoco puede luchar contra su escencia.
Y algo que quiero aclarar es la diferencia que hay entre una mentira y en ocultar una información.
Ocultar una información es no transmitir algo que uno sabe, con el fin de no amargar a un tercero. Esto según el estatuto de “La mesa de los poetas”, claro. Un nítido ejemplo se da cuando Martín está de encargado en el boliche y lo llama el Jefe para preguntarle como viene la recaudación. Martín sabe que “la burra” (léase caja) viene para atrás. Sin embargo le informará al Jefe: - “Todo bien Chelo... nunca mejor”.
Y Martín hace esto, no porque sea un mal tipo, o un bolacero. Lo hace porque sabe que mañana hay que pagarle a los proveedores y la torta no está. Entonces, con el fin de no amargar al Cacique con unas cuantas horas de anticipación, oculta, desfigura una información, que él tiene más que clara: A los proveedores les va a pagar Cadorna.
Eso es esconder una información. Ahora, una mentira, es algo que encima de ser un invento, se dice por decir, sin ninguna necesidad. Esto figura en el inciso 7 del estatuto.
Y hay unos seres que abusan de éste tipo de disciplinas. A esos seres se los conoce bajo el nombre de mujeres. Sí señor, leyó bien.
La mujer argentina miente!!! Y cómo!!!! Y para qué?!
Miente sin necesidad, sin un objetivo, lo toman como un deporte. Se dicen a ellas mismas: - Che estoy embolada. Qué hago? Y bueno... voy y miento. Y van y mienten señores, mienten!!
Y vamos al top fai de mentiras femeninas:
1- “El lunes empiezo la dieta”.
Mentira. Nunca es lunes.
El porqué de tamaño invento se desconoce, ya que nadie le preguntó cuando mierda va a empezar el tratamiento para dejar de semejarse a un estilizado cachalote.
2- “Yo nunca me masturbé”.
Andá!!! Dejáte de joder!!!
3- “ Dame 5 minutitos, me pongo una pavadita, me pinto un poco y vamos”.
Consejo: Andate a dormir, macho. O andá a tu video club amigo y alquilá la zaga completa de “El Padrino”, prepará una Paella, y ahí, recién ahí, estás en condiciones de pasar por la vivienda de la chica. Eso sí, cuando llegues, te va a decir: “ Me pongo perfume y bajo, gordo”.
4- Luego de terminada la primer relación sexual, ella lo mira y le dispara el típico: “Fuiste el mejor... Nunca sentí tanto”.
Qué pasa girls? No se dan cuenta que él también estaba ahí? Y qué también notó lo precario del asunto?
5- Para redondear, la típica mentira: “Yo no miento”.
Pero dejáte de joder!! Si no mentís para que carajo hacés la aclaración?
Es como le vive diciendo el Zorro al Gusti: “No tienen sorpresa, Gus... no tienen sorpresa”.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Ahora es cuando

Y acá estoy... tranquilo, muy tranquilo. Supongo que porque sé que “el barba” me lleva los papeles. Así es, me ha sacado de más de un quilombo ese muchacho. No sé... le caigo simpático.
Nunca digo que “soy un tipo de suerte”. No lo digo, porque me pienso un luchador. Eso sumado a que nunca tengo mala leche, que todo lo que hago, lo hago de corazón y con el corazón. Entonces, es como que a cualquiera en mi lugar, en mi situación, la cosa le hiría bien. Y no paro de agradecerlo.
A parte, tampoco pido cosas inalcanzables. Lo único que quiero es mi casa con mi morocha adentro, la familia con salud y unida, y de tanto en tanto, juntarme con los dos o tres amigos que tengo a tomarme un buen tinto. Para qué más, no?
Pienso que a veces no somos conscientes de la cantidad de cosas alucinantes que tenemos. Cosas que están ahí, y pasamos adelante de ellas sin prestarles gran importancia. Un claro ejemplo de esto, me pasó hace muy poco tiempo. Recuerdo que era de noche, para ser más exacto a la madrugada. Ivamos por Corrientes con Adrián, en eso llegamos a Callao, y el chabón que se queda parado y mira hacia arriba. Parecía Forrest Gump el loco. Y se quedó así unos cuantos segundos. Entonces le digo: “Valija... te sentís bien?”. El tipito que me mira y me contesta: “Mirá para arriba Tincho. Mirá y fijate de todo lo que todas las noches nos perdemos cuando pasamos por acá”.
De movida, pensé que me estaba gastando. Pero por esa cuestión respetuosa que tengo para con él, le di bola y miré hacia arriba. No lo pude creer. La intersección de Corrientes y Callao es una verdadera obra de arte. Si uno levanta la sabiola y detenidamente mira los edificios que hay en esas cuatro esquinas, de verdad que flipéa.
Y estoy hablando de edificios. De algo tan común como es la fachada de un edificio.
Esa noche, en la que Adrián me hizo levantar la cabeza y mirar algo que está ahí, y que uno no le da ni cinco de pelota, comprendí que más de una vez, habría que tomarse un par de segundos más de los que generalmente nos tomamos en observar, en sentir, en palpar, en oler las cosas que realmente conviven a diario con nosotros.
Pensamos que las cosas y las personas van a estar ahí siempre. Y según lo que pude comprobar con mi humilde experiencia no es así.
Hace unos años atrás era el cumpleaños del Chiche, mi abuelo. Laburé durante todo el día, me senté a cenar y me acordé del cumple del viejo como a las once y media de la noche. Me dije a mí mismo: “Lo llamo mañana, hoy estoy muy cansado”. Por supuesto que al otro día tampoco lo llamé. Y a los tres días del ya pasado aniversario de mi abuelo, llamó uno de mis hermanos para decirme que el Chiche se había muerto.
Dejemos de joder, dejemos de postergar pensando que nos queda mucho tiempo para cualquier cosa. Todos tenemos ciento un ejemplos de que esto no es así. Todos alargamos y no nos damos cuenta de que muchas veces estamos jugando los últimos minutos del segundo tiempo.
Entonces, si aceptan el consejo de un boludo, hagan la que tengan que hacer hoy. Dentro de un rato puede ser muy tarde, o como decía el gordo, el papá de Adrián: “Mirá que después no sirve,eh?”.
Entonces, si discutieron con sus viejos, si se carajearon con alguno de sus amigos, si sienten que hay alguien a quien en carácter de urgencia tienen que decirle: “Te amo”... No lo duden ni siquiera una milésima de segundo. Es mucho más tarde de lo que creémos. Y ahora... ahora es cuando.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Permiso... Buenas...

La verdad que hace mucho que quería incursionar en esto. Les soy franco, más de una vez se me pasó por la cabeza, pero me daba cierto pudor, cierto cagazo.
Estoy acostumbrado a que “me lean” mis seres queridos, y nunca gente que no conozco. Es sabido que los conocidos te festejan el chiste. Ahora, a un punto que no te tiene, no creo que lo vayas a conmover así nomás con tus escritos.
Pero bueno, esta mañana me levanté, fui al gimnasio y a mi retorno, me sentía el rubio de Camel, entonces me dije: “Tincho no te amilanes y dale para adelante”.
Y acá estoy.
No sé que, ni sobre que voy a escribir. Lo que es más que normal en mí. Generalmente, me siento en la máquina y desarrollo una suerte de catarsis epistolar. A veces interesante otras no tanto. Que va hacer?... Son rachas.
Y en esta madrugada de sábado, en la que la morocha se fue a dormir temprano y me dejó solo como kung Fu, me dispongo a darle inicio a la cosa, nomás.
Es una noche rara. Y con el permiso de el señor lector, paso a explicar porque: Hasta hace unos días estuvimos con la chica que me pretende en Carlos Paz (realmente un hit ese lugar) en una semanita de vacaciones que nos tomamos para poder llegar a las del verano.
La verdad que la pasamos muy bien. Descansamos, paseamos, nos desenchufamos, nos dimos cuenta que en la “Ciudad de la furia” uno vive un tonito más arriba que en el interior (ellos no tocan bocina y hasta duermen la siesta), comimos a discreción y bebimos aún más.
Por lo que al llegar, la báscula acusó un gramaje nunca antes alcanzado en lo que va de mis 37 Abriles. No digo que me asemejo a un colchón atado, pero que vengo potente... vengo potente.
En consecuencia, he decidido optar por la comida sana y por mantenerme alejado del alcohol, al menos por un tiempo. (Digamos unos trece meses, días más, días menos).
Entonces, retomo: Como ya dije, la princesa se fue a zetear, estoy sentado en la compu, cigarrillos, café recién hecho y Bill Evans que engalana mis auriculares.
Resumiendo, en la semana no me afecta no darle cabida al amarillito (léase whisky) pero en este momento de comunión conmigo, la máquina y el Jazz, es como que se hace extrañar. Que va hacer?... son rachas.